
Todo comenzó tristemente un 27 de febrero, a las 3 de la mañana, cuando las vacaciones de verano estaban por llegar a su fin, ahi comenzó una nueva historia para Chile. El terremoto trajo más que derrumbes materiales a nuestra tierra, trajo tristeza, pena y soledad, nos hizo descubrir cuando débiles somos, la soledad que existe a lo largo de mi querido país, la necesidad que tiene la gente de ser escuchada, abrazada y querida.
Todos tienen una historia que contar, todos quieren decir algo, todos quieren abrazar y ser abrazados.
En nuestro regreso a Coltauco, ya no lloramos, ni la emotividad estaba a flor de piel, solo queriamos trabajar, tratar de alguna forma de contener a las personas que ya conociamos, poner mas orejas, mas abrazos y más alegría. El trabajo pasó a ser ya más pesado, amigos como Nelson, José, Fabián, Kike fueron demasiado importantes en esta segunda visita, los jóvenes pusieron su alegría y su entusiasmo en todo y en todo momento. Las mamás hicimos nuestro papel de dueñas de casa, abrazando bebés, conversando con las dueñas de casa, escuchando.
El compromiso se hace aún más fuerte, ellos nos necesitan.
Nos hacen un llamado en silencio a no olvidar que están presentes.
A no olvidar que son seres humanos que necesitan amor.
A no olvidar que tienen algo que decirnos.
A no olvidar que existió un 27 de febrero que les rompió la vida.
Hubo un antes y un después.
Queda mucho trabajo...... (siempre lo habrá)..
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